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Fiesta Esquerra


El Partido Esquerra fue una organización de izquierda que obtuvo la mayor parte de su apoyo en Barcelona y otras áreas urbanas de Cataluña. Luis Companys y otros líderes del partido pidieron el establecimiento de una república catalana.

El 14 de abril de 1931, Companys y otros miembros del partido ocuparon el ayuntamiento donde proclamaron el establecimiento de una república.

El 1 de enero de 1934, Companys fue elegido presidente de una Cataluña autónoma. Al año siguiente declaró Cataluña totalmente independiente dentro de la República española. Esta revuelta separatista fracasó y Companys y todo el gobierno catalán fueron detenidos. Companys fue declarado culpable y condenado a treinta años de cárcel.

El 15 de enero de 1936, Manuel Azaña ayudó a constituir una coalición de partidos de izquierda política para disputar las elecciones nacionales previstas para el mes siguiente. Esto incluía el Partido Esquerra, el Partido Socialista (PSOE), el Partido Comunista (PCE) y el Partido Unión Republicana.

El Frente Popular, como se conoció a la coalición, abogó por el restablecimiento de la autonomía catalana, la amnistía para los presos políticos, la reforma agraria, el fin de las listas negras políticas y el pago de daños y perjuicios a los propietarios que sufrieron durante la revuelta de 1934. Los anarquistas se negaron a Apoyar a la coalición y, en cambio, instó a la gente a no votar.

Los grupos de derecha en España formaron el Frente Nacional. Esto incluyó a la CEDA y los carlistas. La Falange Española no se adhirió oficialmente pero la mayoría de sus miembros apoyó los objetivos del Frente Nacional.

El pueblo español votó el domingo 16 de febrero de 1936. De los posibles 13,5 millones de votantes, más de 9.870.000 participaron en las elecciones generales de 1936. Por el Frente Popular votaron 4.654.116 personas (34,3), mientras que el Frente Nacional obtuvo 4.503.505 (33,2) y los partidos de centro 526.615 (5,4). El Frente Popular, con 263 de los 473 de las Cortes, formó el nuevo gobierno. El Partido Esquerra obtuvo 38 de estos escaños.

El gobierno del Frente Popular molestó inmediatamente a los conservadores al darse cuenta de todos los presos políticos de izquierda, incluidos Luis Companys y miembros del Partido Esquerra.

El gobierno también introdujo reformas agrarias que penalizaron a la aristocracia terrateniente. Otras medidas incluyeron el traslado de líderes militares de derecha como Francisco Franco a puestos fuera de España, la ilegalización de la Falange Española y la concesión de autonomía política y administrativa a Cataluña.

Al estallar la Guerra Civil española, miembros del Partido Esquerra se unieron al Partido de los Trabajadores (POUM) y a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) para derrotar el levantamiento militar de Barcelona.

Durante la guerra Luis Companys intentó mantener la unidad de la coalición de partidos en Barcelona. Sin embargo, después de que el primo soviético Vladimir Antonov-Ovseenko amenazara con suspender la ayuda rusa, aceptó despedir a Andrés Nin como ministro de Justicia en diciembre de 1936.

Companys intentó proteger a los miembros del Partido de los Trabajadores (POUM) y la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), dominado por los comunistas. Esto fue en vano y aunque siguió siendo presidente no fue más que un testaferro

Tras la victoria del general Francisco Franco y el ejército nacionalista, Companys huyó a Francia pero después de que el ejército alemán ocupara el país en 1940 fue arrestado por la Gestapo y enviado de regreso a España. El general Francisco Franco ordenó que fuera juzgado por traición. Declarado culpable el 14 de octubre de 1940, fue ejecutado al día siguiente.


Cataluña - Partidos políticos

La política catalana difiere notablemente del resto de España, producto del fuerte espíritu nacional catalán que ha resurgido en las últimas tres décadas de democracia. Aún así, a pesar de este nacionalismo profundamente arraigado, menos de un tercio de los catalanes apoyan la independencia total de España. En Barcelona, ​​el corazón palpitante de la política y la economía catalanas, el apoyo es aún menor. Es difícil imaginar España sin Cataluña e imposible imaginar Cataluña sin Barcelona.

Los líderes del Partido Socialista de Cataluña (PSC), Izquierda Republicana de Cataluña (ERC), y la Iniciativa por los Verdes de Cataluña (ICV), la coalición tripartita (Tripartita), que gobernaba Cataluña desde 2003, coincidieron en principio 04 Noviembre de 2006 para retomar su asociación a menudo conflictiva y formar el próximo gobierno regional autónomo.

  1. Junts pel S (una coalición de Esquerra Republicana de Catalunya y Partit Dem crata Europeu de Catalunya, independientes y otros partidos más pequeños) - 62 escaños
  2. Ciutadans - Partido de la Ciudadania (C's) - 25 escaños
  3. Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) - 16 plazas
  4. Catalunya S Que Es Pot (una coalición de Podemos e ICV-EUiA) - 11 escaños
  5. Partit Popular Catal (PP) - 11 plazas
  6. Candidatura d'Unitat Popular (CUP) - 10 plazas

La alianza "Juntos por el sí" obtuvo 62 de los 135 escaños en el parlamento en septiembre de 2015, una victoria que fue vista como un gran paso para la región, que durante mucho tiempo ha buscado la independencia de Madrid. En octubre de 2015, la alianza presentó un proyecto de ley que abriría la puerta a la secesión, lo que llevó al primer ministro conservador Mariano Rajoy a emitir una severa advertencia por televisión. El gobierno de Mas necesitaba el apoyo del partido de extrema izquierda CUP, que obtuvo 10 escaños en las elecciones. Sin embargo, la CUP se negó a respaldar al líder, en gran parte debido a sus políticas de austeridad y varios escándalos de corrupción que se le han vinculado.

Los separatistas catalanes llegaron a un acuerdo de última hora el 09 de enero de 2016 para formar un gobierno regional que trabajará por la independencia de España. El acuerdo requería que el controvertido líder secesionista Artur Mas se hiciera a un lado. Carles Puigdemont fue elegido para tomar el relevo de Artur Mas como candidato de la alianza Junts pel Si (Juntos por el Sí) para ser líder del gobierno regional. Mas, que ha presidido el gobierno regional desde 2010, dijo que respaldaba a Puigdemont, alcalde de la región catalana de Girona, como su sucesor.

Carles Puigdemont prosiguió con el derrotero separatista de su antecesor Artur Mas. Ya estaba previsto un referéndum sobre la independencia para el 9 de noviembre de 2014. La primera pregunta era "¿Quieres que Cataluña se convierta en un estado?" En el caso de una respuesta afirmativa, se planteó la segunda pregunta: "¿Quieres que este estado sea independiente?" Sin embargo, el Tribunal Constitucional suspendió la votación.

Las diferencias políticas sustanciales entre el PSC y el PSOE surgieron en 2008 cuando los catalanes se negaron a seguir el giro brusco del PSOE hacia la izquierda. Este nuevo impulso para reclamar el centro refleja la insólita situación electoral del PSC, que no pelea por votos con el Partido Popular de Cataluña (PPC), sino con la coalición nacionalista de centro-derecha Convergencia y Unión (CiU). En su convención de partido, la Convergencia Democrática de Cataluña (CDC), el partido mayoritario de CiU, hizo hincapié en una forma de "gran carpa" de nacionalismo que busca acoger a todo el espectro nacionalista, desde los moderados que favorecen el statu quo hasta los que favorecen la independencia absoluta. .

La Izquierda Republicana (ERC), el otro partido de la independencia, uno de los socios de la coalición del PSC en el gobierno tripartito (Govern), intentó abordar por qué ha perdido tantos votos desde 2006. El ganador final de una carrera presidencial a cuatro bandas se postuló en Una plataforma de "mantener el rumbo", pero con una pura pluralidad, el nuevo presidente Joan Puigcercos no liderará con un mandato y deberá equilibrar cuidadosamente las demandas de los socios de ERC y sus críticos intrapartidistas.

En su congreso del partido en el verano de 2008, el Partido Socialista de Cataluña (PSC), acusado durante mucho tiempo por los partidos nacionalistas de poner al PSOE por delante de Cataluña, adoptó un tono independiente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) con la esperanza de apuntalar apoyo. En el frente ideológico, el movimiento centrista del PSC tenía como principal objetivo arrebatar el centro a CiU. En su plataforma, el PSC no pidió un mayor acceso al aborto, el apoyo a la eutanasia ni la eliminación de símbolos religiosos de las ceremonias oficiales y las escuelas, que fueron todos movimientos que el PSOE hizo unas semanas antes.

Sin embargo, esto no fue solo un movimiento político, ya que históricamente el PSC ha tenido una actitud menos confrontativa con la Iglesia católica en Cataluña que el PSOE con la Iglesia española en general. Esta diferencia se atribuye a la estrecha relación que tienen los socialistas catalanes con los sectores progresistas de la Iglesia catalana, que se remontan a la época de Franco, así como a la reputación general de moderación que tienen los obispos catalanes.

Prometiendo que perseguirían agresivamente un esquema de financiación más justo para Cataluña, el PSC busca neutralizar una de las armas más efectivas de CiU contra ellos. Al mismo tiempo, sin embargo, el PSC se da cuenta de que debe equilibrar las demandas del PSOE y Cataluña. Aunque el PSC es técnicamente un partido independiente, se ha sentado con el PSOE en el mismo grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados. Mientras algunos sectores del partido buscan que tenga su propio grupo, la dirección se da cuenta de que esta y otras acciones 'separatistas' pueden dañar a ambas partes.

Si el PSC se separaba por completo, el PSOE tendría que formar una federación catalana propia, como funciona en el resto de España, y algo que no tiene desde 1978. Esto probablemente conduciría a la derrota de ambos partidos en la niveles nacional y regional. El partido independentista de izquierda ERC obtuvo sorprendentes victorias electorales en la primera parte del nuevo siglo, lo que le permitió unirse a la coalición liderada por el PSC en el Govern en 2003 y 2006. Desde entonces, sin embargo, el ERC sufrió una gran caída en votos, pasando de 8 escaños a 3 en el Congreso de los Diputados tras las elecciones de marzo de 2008. Tras esta derrota, el presidente del partido, Josep Lluis Carod Rovira, dimitió de ese cargo, aunque siguió siendo vicepresidente de la Generalitat. La lucha interna para reemplazarlo fue una batalla por poderes sobre la dirección futura de un partido que busca recuperar su popularidad.

CDC, el partido mayoritario de CiU, se centró en recuperar la presidencia de la Generalitat ya que no pudo obtener la mayoría en 2006. La convención de CDC en el verano de 2008 subrayó una estrategia de partido que en su mayoría continuará con sus políticas actuales con pequeños ajustes. Entre estos pequeños ajustes se encontraba la adopción del proyecto favorito del líder del partido Artur Mas de "la gran casa del catalán-ismo" (la casa gran del catalanisme). Es un intento de que el partido parezca más acogedor con las distintas vertientes del nacionalismo catalán, intentando así ampliar su electorado y recuperar una mayoría en la Generalitat. La plataforma del partido no pide explícitamente la independencia, aunque enfatiza el derecho de Cataluña a la autodeterminación y prevé vagamente a Cataluña como un estado libre y soberano en la Europa del siglo XXI.

En un movimiento perenne, en 2008 el CDC reiteró su deseo de fusionarse completamente con la derechista Unión Democrática de Cataluña (UDC) en un solo partido, lo que la UDC, una vez más, rechazó rotundamente.

El PPC, la filial catalana del Partido Popular, estaba plagado de los mismos problemas que enfrentaba el partido nacional: líderes impopulares que impulsaban ideas impopulares. Por ejemplo, los miembros del partido llegaron a su convención de 2008 para encontrar que el presidente nacional del PP, Mariano Rajoy, había impuesto unilateralmente a una candidata de último momento a la presidencia del PPC, Alicia Sánchez-Camacho, una senadora de Girona. Rajoy también envió a la nueva secretaria de Organización del PP, Ana Mato, para persuadir a los otros candidatos, los acérrimos rivales Alberto Fernanez-Dmaz y Daniel Sirera para que retiren sus ofertas. Aún así, una cuarta candidata, Montserrat Nebrera, se negó a poner fin a su candidatura y, en la votación final, perdió ante Sánchez-Camacho por un escaso 53% -47% de los votos.

Sin embargo, los líderes impopulares no fueron el único obstáculo del PPC para ganar las elecciones. En 2006, el PP se opuso al Estatut por la razón completamente opuesta, ya que el ERC afirmó que le daba demasiada autonomía a Cataluña. Este es solo un ejemplo en el que la mayoría de los catalanes pensaba que el PP estaba actuando en contra de los intereses de Cataluña. En una región dominada por fervientes nacionalistas, socavar Cataluña no es una estrategia ganadora. Si todo el objetivo de un partido político es ganar las elecciones, el PPC tiene que reformar drásticamente su forma de hacer negocios si alguna vez aspira a gobernar Cataluña.


La revuelta de Asturias, 1934 - Sam Lowry

Un relato del levantamiento de los mineros asturianos en España de 1934. Comenzando como parte de una huelga general a nivel nacional, la revuelta se convirtió en una de las rebeliones más extendidas de la era anterior a la revolución.

Las elecciones de 1933 en España habían visto una victoria masiva entregada a la derecha, representada por la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), una coalición de grupos conservadores y monárquicos mayoritariamente católicos. Liderada por José María Gil-Robles, la CEDA pronto se alió con el subcampeón cercano de las elecciones, el Partido Republicano Radical, liderado por Alejandro Lerroux.

Empujando a Lerroux al puesto de primer ministro para no ofender las sensibilidades liberales en las Cortes Constituyentes (muchos liberales desconfiaban de los tópicos a menudo ultrarreaccionarios de Robles), la CEDA y el Partido Radical pronto se vieron envueltos en luchas internas. Al encontrarse en el centro de estas disputas, el gabinete de Lerroux pronto se derrumbó sobre sí mismo, solo para ser reemplazado por otro radical, Ricardo Samper.

Continuando hasta el año siguiente, el conflicto dentro de la coalición pronto llegó a un punto crítico con la apertura de las Cortes el 1 de octubre de 1934. Después de haber negado puestos de gabinete a la CEDA durante casi un año, el Partido Radical vio el colapso del gobierno de Samper después de una campaña de intensa presión desde la derecha. Cuando el presidente le pidió que formara un nuevo gabinete, Lerroux no tuvo más remedio que ceder tres ministerios a la CEDA.

Preocupados por lo que veían en el gobierno como los primeros pasos en el camino del fascismo, los socialistas del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), y su ala industrial, la Unión General de Trabajadores (UGT), comenzaron a plantear propuestas para una alianza de los partidos de izquierda y organizaciones obreras de España. Esta Alianza Obrera, similar en forma a la táctica del Frente Popular que utilizarían los izquierdistas de toda Europa durante la década de 1930, fue recibida con desdén por el poderoso sindicato anarcosindicalista, la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Cansada de las anteriores coaliciones efímeras con los socialistas a menudo oportunistas, la CNT en general había llegado a considerar que la cooperación a gran escala era nefasta, aunque algunos sectores moderados del sindicato estaban más entusiasmados con la perspectiva de una nueva alianza.

Decidiendo respuesta al nombramiento de los tres ministros de la CEDA, la UGT convocó una huelga general en nombre de la Alianza Obrera. La CNT, desconfiada de sus homólogos socialistas, recibió la llamada con indiferencia. Sin embargo, la noche anterior a la huelga propuesta, muchos centros de trabajadores de la CNT en Cataluña fueron atacados y la policía se llevó a cientos de militantes anarquistas. Los esfuerzos para reabrir los edificios sindicales por la fuerza en Barcelona fueron repelidos por los grupos armados de escamots, los jóvenes paramilitares de Esquerra, el principal partido nacionalista de Cataluña. Dencàs, líder de la Esquerra, poco después denunció a los anarquistas e instó a la policía y fuerzas de escamot a actuar contra ellos. Desencantada con la huelga y sufriendo repetidos ataques por parte de la policía, la CNT ordenó a sus miembros volver al trabajo, lo que obligó al colapso de la huelga en Cataluña.

La huelga no fue mucho mejor en otras partes del país. Debido a la mala coordinación y la rápida actuación policial, toda la dirección socialista había sido detenida en Madrid antes de que despegara la huelga. Después de esto, los trabajadores de la CNT mal armados en la capital se quedaron en gran parte a su suerte. Los repetidos ataques de la policía y la falta de voluntad de los comités socialistas para coordinarse eficazmente los obligó a volver al trabajo. Una interceptación sospechosa por parte de las tropas gubernamentales de las armas muy necesarias que se dirigían hacia Madrid solo aumentó la desconfianza de la CNT hacia los socialistas.

Mientras la huelga se desmoronaba en toda España, los trabajadores de los pueblos mineros de Asturias tomaban las pequeñas armas que tenían, con la intención de llevar a cabo la huelga. La provincia había sido durante mucho tiempo un bastión de la UGT, aunque la CNT también ejercía una considerable influencia propia. Ampliamente considerada como del ala moderada del sindicato, la CNT asturiana había estado durante muchos años a la vanguardia de las convocatorias de colaboración CNT-UGT. La quizás falta de antagonismo (en comparación con las relaciones entre los sindicatos en otras partes del país) y la historia de acción común en Asturias contribuyeron mucho a los altos niveles de cooperación entre los mineros de ambas organizaciones durante la insurrección.

La huelga se inició en la tarde del 4 de octubre y al anochecer los mineros habían ocupado poblados a lo largo de los ríos Aller y Nalón, atacando y apoderándose de los cuarteles locales de la Guardia Civil y de Asalto. Al día siguiente, las columnas de mineros avanzaban por la carretera de Oviedo, la capital provincial. Con la excepción de dos cuarteles donde continuaron los combates con las tropas del gobierno, la ciudad fue tomada el 6 de octubre.

Los días siguientes vieron muchos pueblos periféricos capturados en medio de intensos combates, incluido el gran centro industrial de La Felguera. Muchos de ellos vieron la formación de asambleas municipales o "comités revolucionarios", y fue en estos órganos donde se hicieron evidentes las diferencias prácticas entre socialistas y anarquistas. En áreas bajo el control de la CNT, se formaron asambleas populares de trabajadores industriales (o campesinos en áreas rurales), organizando cosas como la distribución de alimentos. En contraste, las áreas bajo control socialista se caracterizaban por comités altamente centralizados que mantenían cualquier toma de decisiones en manos de la burocracia local de UGT. A menudo excluyendo a los delegados de la CNT en sus comités, la determinación de la dirección socialista de mantener la huelga estrictamente bajo su control contribuyó significativamente a la derrota de la revuelta en Asturias. A pesar de ello, la voluntad de los trabajadores de base de la UGT de cooperar con sus homólogos de la CNT se demostró continuamente durante todo el levantamiento.

El 7 de octubre, los delegados de las localidades portuarias controladas por los anarquistas de Gijón y Avilés llegaron a Oviedo solicitando armas que se necesitaban con urgencia para defenderse de un desembarco de tropas gubernamentales. Ignorados por el comité socialista, los delegados regresaron a su ciudad con las manos vacías. Careciendo incluso de las armas básicas necesarias para defenderse de las tropas atacantes, Gijón y Avilés cayeron al día siguiente. Los constantes ataques de los dos puertos durante la semana siguiente sellaron el destino de Asturias, y el levantamiento fue brutalmente aplastado. 3.000 mineros murieron en los combates y otros 35.000 fueron hechos prisioneros durante la ola de represión que siguió.

Con una duración de poco más de dos semanas, la insurrección mostró claras diferencias entre dos formas muy diferentes de socialismo cuando se implementó en la práctica. Un observador notó el contraste entre la ciudad de Sama, dirigida por los socialistas, y La Felguera, dirigida por los anarquistas.

“La Insurrección de Octubre triunfó inmediatamente en la ciudad metalúrgica y minera. Sama se organizó siguiendo líneas militares. Dictadura del proletariado, ejército rojo, comité central, disciplina, autoridad. La Felguera apostó por el comunismo libertario: el pueblo en armas, la libertad de ir y venir, el respeto a los técnicos de la planta metalúrgica Duro-Felguera, la deliberación pública de todos los temas, la abolición del dinero, la distribución racional de alimentos y ropa. El entusiasmo y la alegría en La Felguera el mal humor del cuartel de Sama. & Quot

Precursora de los acontecimientos que azotarían a España en los próximos años, la actuación del Comité de Oviedo en 1934 sirvió de trágico paralelo a la actitud del gobierno del Frente Popular hacia los anarquistas en los primeros meses de la Guerra Civil. Sin embargo, la cooperación mostrada entre los trabajadores de ambas organizaciones durante el levantamiento sirvió para demostrar, aunque en una escala mucho menor, el espíritu de hermandad que se apoderó de los trabajadores de toda España poco menos de dos años después, cuando la revolución arrasaría el país.


ERC, el partido independentista más antiguo

ERC significa Esquerra Republicana o Izquierda Republicana. Este partido de izquierda se ha posicionado como un firme independentista y se postula en las elecciones del 21 de diciembre encabezadas por el preso vicepresidente Oriol Junqueras, seguido de la secretaria general del partido, Marta Rovira. Su lema para la campaña de 2017 es & ldquoDemocracy Always Wins & rdquo, pero tiene una larga historia de presión por un estado catalán, que se remonta a 1931.

¿Cuál es su postura sobre la independencia?

Esquerra es un partido independentista. A pesar de las recientes medidas de España contra el camino hacia un estado catalán, el partido no renuncia a los planes de independencia. Tiene previsto buscar el diálogo con Madrid tras las elecciones. Sin embargo, el partido no descarta retomar el camino hacia un estado catalán, incluso sin el gobierno español sentado a la mesa de negociaciones.

¿Qué dicen las encuestas?

Hace un mes estaba bastante claro que Esquerra Republicana ganaría las próximas elecciones. Sigue liderando las encuestas, pero en la actualidad, los partidos unionista Ciutadans, así como los independentistas Junts per Catalunya, se están poniendo al día. El declive de Esquerra & rsquos coincide con un hecho clave ocurrido el 2 de noviembre: el encarcelamiento de su líder, Oriol Junqueras, junto con la mitad del gobierno catalán. Todos los ministros menos dos, incluido el vicepresidente, han sido puestos en libertad recientemente con una fianza de 100.000 euros cada uno.

¿Quiénes son sus candidatos?

Oriol Junqueras es el principal candidato del partido y rsquos, haciendo campaña desde la cárcel. Después de Marta Rovira como segunda al mando, llega la presidenta del Parlamento Carme Forcadell como número 4. Forcadell también está implicada en muchas de las acusaciones del gobierno español hacia los líderes independentistas; de hecho, pasó una noche en custodia, por permitir una votación. que desembocó en la Declaración de Independencia en el hemiciclo catalán.

Solo fue puesta en libertad después de pagar una fianza de 150.000 euros. Junto a ella en la boleta como candidato independiente está el canciller Ra & uumll Romeva, depuesto con el resto del gobierno catalán, y hasta hace poco encarcelado también por su papel en el impulso de la independencia. Y la lista no termina ahí.

ERC ha incluido también al ministro de Justicia, Carles Mundón, y a la ministra de Trabajo, Dolors Bassa, ambos depuestos y, hasta hace poco, encarcelados en la Comunidad de Madrid, ahora en libertad bajo fianza. Toni Com & iacuten, otro candidato de ERC y ministro de Sanidad, se encuentra actualmente exiliado en Bélgica junto con la mitad de la Generalitat de Catalunya. Además, en el billete se encuentra Meritxell Serret, que también se encuentra actualmente en Bruselas.

¿Cuál es su pasado y qué depara el futuro?

Partido consolidado en Cataluña desde los años treinta, en las elecciones de 2015 ERC se unió a la coalición independentista Junts pel S & iacute con el presidente Carles Puigdemont. La coalición obtuvo 62 de los 135 escaños del Parlamento catalán. Pero este año, planea correr solo. Esquerra ha sido tradicionalmente fuerte en Cataluña y rsquos del interior. El desafío a superar radica en el área metropolitana de Barcelona & rsquos.


Recordando a los martirizados por el socialismo durante la Guerra Civil española

Cada 6 de noviembre, la Iglesia Católica Romana en España conmemora a los santos martirizados por los comunistas durante la Guerra Civil Española. Durante el Terror Rojo de la década de 1930, los comunistas mataron a más de 6.800 obispos, sacerdotes, monjes y religiosos. Sin embargo, fuera de España, su historia se olvida en gran medida.

1931: El terror rojo comenzó antes de la guerra civil.

Las elecciones locales se llevaron a cabo el 12 de abril de 1931. Las candidaturas monárquicas obtuvieron la abrumadora cantidad de escaños disputados en todo el país (40.324 concejales), pero 41 de las 51 capitales de provincias fueron tomadas por el lado pro-República (38 para la Coalición Republicano-Socialista , con el Partido Socialista como uno de sus miembros, y tres por el partido nacionalista catalán conocido como “Esquerra Republicana”- la“ Izquierda Republicana ”en catalán).

Los resultados en la mayoría de las capitales de provincia fueron entendidos por los monárquicos (en particular los generales Dámaso Berenguer y José Sanjurjo) como una derrota. Dos días después se proclamó la República y el monarca Alfonso XIII, de la Casa de los Borbones, abandonó España porque quería evitar una Guerra Civil. Niceto Alcalá-Zamora asumió la presidencia.

Esta nueva era política fue también el comienzo de una ola de violencia anticlerical derivada del laicismo. El 10 de mayo, los monárquicos abrieron un nuevo centro de agitación política en Madrid, el Círculo Monárquico Independiente (Círculo Monárquico Independiente), que inmediatamente fue objeto de disturbios masivos. Como resultado, del 11 al 13 de mayo, se quemaron muchas iglesias en todo el país, comenzando en Madrid pero expandiéndose a ciudades como Sevilla, Córdoba, Murcia y Málaga.

Málaga fue el hogar de uno de los peores casos de "fenómenos anticlerical". Su gobernador militar no intervino hasta el mediodía del 12 de mayo, cuando ordenó a la policía retirarse de la refriega. En pocos días se quemaron miles de edificios, e incluso obras de arte clásicas de pintores como Francisco de Zurbarán y Alonso Cano.

El Partido Comunista organizó muchos de estos incendios provocados, que el gobierno provisional no hizo nada por detener. El ministro del Interior, Miguel Maura, se negó a enviar a la Guardia Civil. Las opiniones del gobierno fueron resumidas por el entonces ministro de Guerra, Manuel Azaña, quien declaró: “No todos los conventos de España merecen la vida de un republicano”.

La persecución anticristiana tiene lugar solo después de que los recursos económicos se colectivizan en manos de estatistas seculares.

En octubre, el Partido Socialista ganó las elecciones legislativas: 445 de los 470 escaños del Congreso de los Diputados pertenecían a partidos de izquierda, y Manuel Azaña fue investido como jefe de Estado. Dos meses después, el Parlamento aprobó una constitución que prohibía las órdenes religiosas, la educación católica o los cementerios religiosos.

1934: Revolución en Asturias

Tres años después, actores de izquierda como el Partido Comunista, el Partido Socialista, la Unión General de Trabajadores (en español, “Unión General de Trabajadores, o UGT), la Federación Anarquista Ibérica y la Confederación Nacional del Trabajo organizaron una huelga general entre el 5 y el 19 de octubre para protestar contra el presidente centrista Alejandro Lerroux. Había designado a miembros del partido católico y conservador CEDA en tres puestos ministeriales. Las regiones de Asturias y Cataluña fueron los centros de esa huelga, que a veces se llama la "Revolución de Asturias". Mientras el pueblo de Mieres era el “foco del movimiento insurreccional”, los manifestantes (principalmente mineros que tomaron casi toda la comarca) proclamaron la República Socialista de Asturias en Oviedo.

Este período desató una nueva era de persecución anticristiana. En Asturias, 34 religiosos fueron asesinados y 58 edificios religiosos fueron quemados. En Turron, los nueve religiosos asociados con las escuelas cristianas fueron torturados y asesinados. Fueron asesinados media docena de estudiantes varones del seminario de Oviedo, de edades comprendidas entre los 18 y los 21 años. La misma suerte aguardaba a los párrocos en pueblos diminutos como Rebolledo y Valdecuna. La brutalidad convenció a los generales Francisco Franco y Manuel Goded de enviar la Legión Extranjera Española y las tropas coloniales marroquíes a esa región del norte, y el movimiento socialista fue derrotado.

Pero la persecución más grave aún estaba por llegar.

1936-1939: El Frente Popular y la Guerra Civil Española

El “Frente Popular”, una coalición de partidos de izquierda que incluye al Partido Socialista, Esquerra Republicana y el Partido Comunista, tomó el poder en 1936, mediante un fraude electoral, según los historiadores Álvarez Tardío y Villa García. Eso anunció una era de anarquía. Las fuerzas de izquierda organizaron manifestaciones ilegales destinadas a fomentar el descontento revolucionario. Se abandonó todo respeto por la propiedad privada. Los “delegados de la policía”, que anteriormente se habían desempeñado como activistas socialistas, lideraron la detención arbitraria de muchos políticos de derecha, la disolución forzosa de grupos derechistas y monárquicos y una escalada de violencia política durante estos meses. Esto desencadenó un levantamiento militar el 18 de julio de 1936, promovido en parte por Franco y el general Emilio Mola.

Durante ese tiempo, las áreas todavía gobernadas por el lado republicano fueron escenario de dramática persecución religiosa. Unos 6.832 religiosos fueron asesinados entre 1936 y 1939, incluidos 13 obispos y 4.184 sacerdotes. Hasta 20.000 iglesias fueron destruidas, muchas de ellas antes de que comenzara la guerra.

Una de las masacres más mortíferas se produjo en el otoño de 1936. Al menos 5.000 ciudadanos fueron asesinados en la ciudad de Paracuellos del Jarama (Madrid) por orden del Comité de Defensa de Madrid, gobernado por comunistas. Personas, especialmente mujeres, fueron asesinadas por asistir a misa. Cualquiera asociado con la oposición política fue liquidado. Se cree que el exsecretario general del Partido Comunista, Santiago Carrillo, quien se desempeñaría como secretario general del Partido Comunista de España antes de terminar su vida como “socialista democrático”, tiene gran parte de la responsabilidad de estas masacres.

El terror anticristiano acompañó la dominación socialista o comunista de cualquier región, hasta que la Guerra Civil española terminó en 1939 con la dictadura de Franco.

Hoy: todavía afrontando el terror rojo de España

A partir del papado de Juan Pablo II, un total de 1.725 mártires españoles de la persecución religiosa comunista han sido beatificados como santos. Durante la beatificación en 2007 de unos 498 mártires de la Guerra Civil española, las autoridades eclesiásticas reservaron el 6 de noviembre como fiesta litúrgica oficial.

Quienes pugnan por la libertad religiosa, piedra de toque de la cultura occidental, deben recordar aquellos hechos clave, que han estado sometidos a décadas de oscuridad gracias a los grandes medios de comunicación y al sistema educativo español. Los regímenes y cuadros marxistas fueron la vanguardia del laicismo intolerante que nuevamente se infiltró en nuestra cultura. La persecución anticristiana tiene lugar solo después de que los recursos económicos se colectivizan en manos de estatistas seculares. Sin embargo, el colectivismo y el ateísmo militante están creciendo como las principales amenazas para los de cualquier religión, incluida la fe en nuestra civilización occidental común.

(Crédito de la foto: Contando Estrelas. Esta foto ha sido recortada. CC BY-SA 2.0.)


¿Se separará Cataluña de España?

21 de octubre de 2014

En Barcelona, ​​el 11 de septiembre, 1,5 millones de personas se manifestaron en apoyo de un referéndum sobre la independencia.

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El Reino Unido, tal como lo conocemos, sobrevivió por un pelo en el referéndum de secesión de Escocia, después de tres siglos de unión. Le sigue España, una de las naciones-estado más antiguas del mundo, pero eternamente atormentada por las tensiones de sus nacionalidades periféricas: catalana, vasca y, en menor medida, gallega. Cataluña ha decidido reformular su referéndum sobre la independencia previsto para el 9 de noviembre como una consulta no vinculante, después de que el Tribunal Constitucional español abriera una investigación sobre la legalidad de un referéndum. Esto evitó un posible choque violento con el estado español, pero dada la gran participación en una manifestación a favor de la independencia del 11 de septiembre, es probable que las próximas elecciones catalanas den mayoría a los partidos independentistas. Esto acercaría un paso más la desintegración de España y, con ella, una nueva fase de la eurocrisis.

¿Por qué tantos escoceses (45 por ciento en el referéndum de septiembre) y catalanes (50 por ciento en encuestas recientes) están dispuestos a irse ahora? La respuesta es seguramente una búsqueda desesperada de soberanía por parte de votantes con resentimientos de larga data por la discriminación de los centros de poder en sus respectivos estados. Como muchos otros europeos, se sienten engañados por la respuesta de sus gobiernos a la Gran Recesión.

Se estima que 1,5 millones de catalanes se manifestaron en apoyo del referéndum de septiembre, inundando los principales bulevares de su ciudad capital, Barcelona, ​​con la estrella y las rayas catalanas: cuatro bandas rojas sobre un fondo amarillo, que representan los rastros de sangre que dejó un mártir moribundo durante la derrota catalana ante los españoles en 1714. Pero semejante imaginería visceral difícilmente refleja la sociología del creciente movimiento de secesión catalán. Hundreds of thousands of smiling families were bused in from the Catalan heartland, many sporting the shirts of their world-famous Barça soccer team. They joined a perfectly choreographed protest, visible from the surrounding Art Nouveau apartment blocks as an enormous “V” for Votar—the demand for Catalonia’s right to vote on independence, just as Scotland had done.

This is what radical protest looks like in Catalonia, a stateless nation of 7.5 million inhabitants known for their pragmatic seny (a difficult-to-translate Catalan term denoting coolheadedness). The same holds true for Oriol Junqueras—the leader of the secessionist Esquerra Republicana, or Republican Left party, which helped organize the protest—who is not the wild-eyed nationalist painted by the Madrid media.

“We are not nationalists we are republicans. We are inspired by the US Declaration of Independence and the French Revolution,” Junqueras told me in an interview in Esquerra’s modest offices in downtown Barcelona. “One of our influences is the Transcendentalism of Ralph Waldo Emerson.” Junqueras, who teaches history at the University of Barcelona and is mayor of Sant Vicenç dels Horts, a working-class (and Spanish-speaking) dormitory town west of the Catalan capital, is the anti-politician, scholarly and unflappable. He is now the de facto leader of the independence movement, eclipsing the smooth, technocratic president of the Catalan Generalitat, or regional government, Artur Mas, who heads up the center-right Convergència i Unió (CiU) alliance. Already losing ground to the more radical Junqueras, Mas has been undermined further by a tax-evasion scandal this year affecting the former CiU leader and iconic president of the Generalitat, Jordi Pujol. In the next elections, many expect Junqueras and Esquerra to win an overall majority.

Esquerra’s reluctant decision to support Mas’s minority government despite the CiU’s austerity policies seemed politically risky, given the widespread popular rejection of budget cuts and tax hikes in Catalonia. “We are a social-democratic party, basically—center-left, though we’re in the Green group in Europe. So we believe in growth, but with redistribution. We don’t support these public-spending cuts, but ultimately the people who are deciding our budget are in Madrid, not Barcelona,” Junqueras told me. “So we are constrained. To protect the welfare state, we need to have our own state.”

The same argument won over many Scots to independence, as the Conservative government in London carried out massive cuts to health and social spending. It has proved most persuasive in the Catalan heartland, from the depressed textile towns that staged the Catalan industrial revolution on the outskirts of Barcelona to the rural communities that dot the landscape north to the Pyrenees. Support for independence in these areas is strong and growing. The people of Barcelona remain less convinced that independence is the best way to fight economic injustice, though even in the capital, most say they want a referendum—the “right to decide,” as it is called here—even if they decide to vote no.

According to the latest polls, support for a referendum is at 80 percent, and one in every two Catalans would vote for secession. These are extraordinary figures, incomprehensible to the millions of tourists who flock to Barcelona and buy souvenirs of Spanish matadors and flamenco dancers on the city’s Ramblas boulevard. Nor do they please the fat cats of Catalan big business in the powerful Caixa savings bank or in companies like the oil giant Repsol, which is controlled by Caixa. Spain, after all, is Catalonia’s biggest market, and it is still not clear whether secession is compatible with Catalonia’s continued membership in the European Union. The snowballing independence movement is a huge concern in corporate HQs on Barcelona’s Diagonal Avenue. Executives at Freixenet, for example, the Catalonia-based producer of cava sparkling wine, complained that its Christmas sales were hit last year not just by Spanish consumer boycotts of Catalan products, but also Catalan consumer boycotts of a company publicly opposed to independence.

Just as the independence movement in Scotland reflects a rejection by most Scots of London-centric neoliberalism, it is impossible to understand the steady march of Catalan public opinion toward independence without considering the fury that the Eurocrisis has unleashed in Spain and the rest of the EU periphery. For, as the late novelist Manuel Vázquez Montalbán, the creator of Catalan noir, always pointed out, it wasn’t seny that made Catalonia the world center of revolutionary anarchism in the first half of the twentieth century. It was another self-defined national characteristic: la rauxa (rage).

Esquerra, a minority party since the 1978 rebirth of democracy in Spain, is running ahead not only of Convergència i Unió but also the apparently moribund Socialist Party. (Partido Popular, or PP, the party now governing Spain as a whole, is insignificant in Catalonia.) Blame for the cuts that have ravaged the Catalan public-health service, hitherto one of the best in Europe, is placed squarely on the PP government of Mariano Rajoy, which has cut funding to Catalonia. Public opinion in Catalonia is now enraged by stories of misspending by successive Spanish governments on high-speed trains, underused motorways and white elephants like the Castellón Airport in Valencia (which has yet to see a single plane land or take off), or the massively oversized fourth terminal at Madrid Barajas airport. This compounds a fundamental difference in perspective between Catalonia and most of the rest of Spain as to whether the state should use infrastructure spending to build links to Madrid in a centralized national economy, or invest in the main export route to the rest of Europe—the so-called Mediterranean corridor, from Andalusia north through Valencia and Catalonia. The PP has chosen the radial model, with Madrid at its center: it is almost as fast to travel by train from Barcelona to Alicante—on the Mediterranean, south of Barcelona—via Madrid as it is to go direct, despite covering twice the distance.

Catalonia is a net contributor to the quasi-federal Spanish state, with a net yearly payment to Madrid of around 8 percent of the Catalan GDP in fiscal transfers. This used to be a moot point in Barcelona, but misspending during the recent boom and the subsequent austerity have turned the so-called fiscal deficit into a time bomb. While the Madrid media caricature Catalans as self-interested and Machiavellian—prepared to play the victim card to increase their share of spending and investment—the view from Barcelona is quite different. Socialist economist Germa Bel, a Catalan and professor at Princeton, calculated how taxes should be distributed among Spain’s seventeen autonomous regions by adhering to basic ethical principles: no poor region should transfer net income to a rich one, and any transfer should be proportional to a region’s relative income. By his count, Catalonia transfers more than €5 billion (3.6 percent of its GDP) every year in excess of what it should. The biggest beneficiary of Spain’s complex fiscal system is the Basque Country, home of the terrorist group ETA, which only recently laid down its arms. This may explain the strange reversal of historical stereotypes, as firebrand Basque nationalist leaders now criticize their traditionally pragmatic Catalan counterparts for moving too quickly toward independence.

The immediate trigger to the surge in support for independence occurred when, in 2010, conservative judges on the Constitutional Court declared unconstitutional the Catalan Statute, a new declaration of rights approved by Catalans in a 2006 referendum. This would have granted more autonomy to Catalonia and defined it as a nation. Attempts by the Rajoy government to counter the use of Catalan—mother tongue of the majority of Catalans, who are bilingual—and give greater weight to Spanish have also raised hackles in Barcelona: the centralist conservative PP, after all, was founded by Manuel Fraga, who supported the dictator Francisco Franco’s ban on Catalan. Education Minister José Luis Wert’s announcement in 2012 that Catalan education should be castellanizado (made Spanish) may soon enter the history books as a faux pas of epic proportions. (Ironically, Catalan children perform better than the Spanish average in tests on the use and understanding of the Spanish language.)

Economist Bel, who supports a federal Spain, doubts the PP government will correct these imbalances, since almost all of its support comes from regions outside Catalonia. Instead, the PP will support a centralized Spanish state with less recognition of peripheral nationalisms, which is unacceptable to the majority of Catalans. Bel expects a fierce confrontation. “Most Spaniards want a uni-national state because any other sort of structure makes them feel insecure the majority of Catalans prefer their own state to a uni-national state,” he says in his new book, Anatomía de un desencuentro (Anatomy of a Misunderstanding).

So far, Mariano Rajoy’s government has refused point-blank to recognize Catalonia’s right to decide, insisting with undeniable logic that a referendum whose result would effectively dissolve the Spanish state is anti-constitutional. The most likely outcome of this position is that Mas and Junqueras will call referendum-style elections in 2015, in which the pro-independence parties will run in coalition. “The pro-independence parties would win an election and then declare some kind of independence,” the legal expert Juan-José López Burniol told me in Barcelona. “Then it will be up to Europe to persuade Rajoy to negotiate changes in the Constitution that would meet some of Catalonia’s demands.”

Rather than imposing austerity, Europe in this area could help Spain overcome the stalemate caused by its own history and politics. The stakes are high. While the Eurozone debt crisis has eased significantly in the past year, the prospect of Catalonia—with 19 percent of Spanish GDP—leaving would rekindle those flames. “Once markets imagined Catalonia being forced out of the EU and the Eurozone, all hell would break loose,” former Bank of England board member Adam Posen told me last year in an interview in Washington.

A visit to the small town of Arbúcies, a hotbed of secessionism seventy miles north of Barcelona and run by Esquerra, is a testament to how anger at austerity and misspending has been diverted toward Madrid. This mass display of Catalan rauxa crosses class borders, from the workers in small manufacturing plants on the outskirts of town to the shopkeeping botiguers in the center. A wall-length banner proclaims Independencia opposite the iconic Freedom Tree, which commemorates the 1868 revolution against autocratic Spanish rule. The star and stripes of the “free nations” of Catalonia (a greater Catalonia embracing Perpignan in southeastern France, the Balearic Islands, and chunks of Aragon and Valencia) are draped from small terraced houses alongside bedsheets painted with the anti-austerity logo (scissors under a red cross). The local health center is now closed at night. Two plants making bodywork and interiors for buses closed last year, as demand slumped in Spain.

“The economy is in terrible shape, and we are losing traditional industries. Most people blame Madrid,” said Roger Zamorano, former mayor of Arbúcies and an Esquerra militant. Long-term unemployment has soared, especially in immigrant communities. Junqueras has cleverly defined the new Catalan identity as a demand for democratic rights for all residents of Catalonia, including Spanish speakers and immigrants. “What unites us is a common desire to decide our own future. It doesn’t matter whether you are Muslim, Christian or where you’re from,” he told me. Most visitors will be surprised to hear Senegalese or Moroccan children conversing in Catalan in towns like Arbúcies, despite the de facto segregation there. But older immigrants appeared less convinced. “Independence wouldn’t be good for us, and most immigrants are against it,” said a Guinean immigrant worker in an Internet cafe, speaking in French.

If Esquerra can present itself as both the party of independence and the defender of public services, it may soon wield the power lost when Lluís Companys, leader of the party and president of autonomous Catalonia throughout the Civil War, was executed by a firing squad at Montjuïc Castle in October 1940 (barefoot at his request, to feel the earth of Catalonia in his last moments) as Franco began to eliminate ruthlessly all traces of the Republic and of Catalan dissidence. It is yet another instance of Europe’s past returning transformed during the current crisis, as citizens seek spaces to recover their lost sovereignty and vent their rage. After four years of remorseless austerity and wage cuts in Spain and Catalonia, and a severe recession that has turned national and regional governments into mere pawns of Brussels and Berlin, the European technocracy may soon reap what it has sown.

Andy Robinson Andy Robinson is a reporter for the Barcelona daily La Vanguardia. Now on assignment in Latin America, he is the author, most recently, of the book Oro, Petróleo y Aguacates: Las Nuevas Venas Abiertas de América Latina (Gold, Oil and Avocados: The New Open Veins of Latin America) as well as Un Reportero en la Montaña Mágica, on Davos and inequality.


How a Jailed Separatist Is Now Key to Spain’s Future

(Bloomberg) -- The day before he was going to be jailed, Oriol Junqueras said goodbye to his wife and two children at their home in an industrial suburb of Barcelona and climbed into a car.

It was November 2017 and the atmosphere in Spain was febrile. On the six-hour drive to Madrid, his advisers tried to reassure the former vice president of Catalonia that he would be back that night. A stoical Junqueras disagreed.

Junqueras had just watched Catalan President Carles Puigdemont attempt to declare independence from Spain and cap a month of chaos that was still reverberating across Europe. The Spanish government had hit back, ousting the administration in Barcelona and imposing direct rule from Madrid.

“I’d more than come to terms with the personal costs,” Junqueras, 51, said this week in a written response to questions from a prison an hour north of Barcelona. “In my family, the repression has always been there. They persecuted my mother, my grandmother, my great grandmother and two great grandfathers. We accept it with ataraxia.”

The events of more than three years ago still cast a shadow over Spain after the trauma tore into national politics and divided parties and the country over what to do about the would-be breakaway region. With Prime Minister Pedro Sanchez starting to piece together a fragile consensus over the path forward, much now depends on Junqueras.

Catalans head into a regional election on Sunday with polls showing a three-way tie between his Esquerra Republicana party, Puigdemont’s more radical group and Sanchez’s Socialists. With two smaller separatist parties in the mix, the most likely outcome is a pro-independence coalition. They have all promised not to form a government with the Socialists.

But tensions between Esquerra and Puigdemont’s Junts Per Catalunya, which have governed Catalonia together for the past five years, have escalated as they try to out-flank each other. And if Esquerra can edge ahead to claim the presidency, Sanchez may have a Catalan government he can do business with as Spain fights the pandemic and its economic fallout.

“Junts’ approach is more aggressive and focused on getting back that great moment of mobilization that happened in 2017,” said Antonio Barroso, a managing director at London research firm Teneo Intelligence. “Esquerra is more focused on managing day to day issues and sees the independence as a long-term goal.”

Sanchez came to power in the wake of the Catalan crisis after ousting his People’s Party predecessor with the backing of the separatists. But it took him more than two years—and two Spanish elections—before he could even pass a budget.

Socialist candidate Salvador Illa said it’s time to “turn the page” on the events that have kept the region in a political gridlock. It was Esquerra’s support in the Spanish Parliament that helped the government get its budget agreed in November. More recently, though, as the campaign heated up, Esquerra voted against the government’s decree to administer European recovery funds, threatening the approval of the bill.

The election in Catalonia is also being closely watched in Spain’s Basque country where separatist sentiment also runs high. Basque nationalists reached a political settlement with Madrid after decades of tension and violence.

Catalonia “needs a government that can achieve two things: to actually function and to find a path of dialog to channel the political conflict,” Andoni Ortuzar, head of the Basque nationalist party, said in an interview with El Pais. They need to find “a formula to live together for the next 10 to 15 years,” he said.

Puigdemont and Junqueras embody the two faces of the Catalan separatist movement—the president who ran away and his deputy who stayed to face the courts and ended up in jail. Puigdemont has remained in Brussels since the crisis triggered by their illegal independence referendum.

Junqueras’s party has been fighting for an independent Catalonia for almost a century. Puigdemont’s group emerged in the run up to the illegal referendum. Both push a narrative of Catalan suffering and repression, albeit in one of the country’s richest regions.

“Pro-independence parties are managing the frustration of secessionist voters who—following completely unreal promises—hit a wall of reality,” said Barroso. “They are fighting for about half of the votes, so there’s an incentive to remain in the rhetoric of the events of 2017.”

Junqueras, a former history professor who wrote a thesis on the Medieval Catalan economy, insists that his ultimate goal remains another referendum and he won’t stop “until Catalonia becomes an independent state,” according to his letter.

Serving 13 years for his part in the push to secede from Spain, he remains Esquerra’s president and throughout his time in jail he has maintained frequent video calls with the party leadership and receives occasional visits. The Spanish courts have allowed him out on release and he has attended campaign events, even though he’s barred from public office.

Junqueras, whose academic mentor was assassinated by ETA, shared a platform at one recent event with Arnaldo Otegi, a former member of the Basque terrorist group. Otegi was jailed multiple times, including for his role in the kidnapping of a businessman in the late 1980s.

Yet behind the optics, his focus is on what comes next. Esquerra’s campaign posters feature both Junqueras and Pere Aragones, a protégé who is now the party’s candidate for the Catalan presidency. Their friendship goes back to before Junqueras entered politics in 2011, when the two used to give conferences together on politics and history.

In contrast to Puigdemont, the strategy is to play the long game, said Aragones. “An Esquerra victory would greatly strengthen our position at a national level,” he said.

The movement faces subsiding support for breaking away from the rest of Spain since the drama of 2017, and even then it never quite reached 50%. Indeed, appetite for independence in the polls is lower than in Scotland, whose leadership is also demanding the right to hold a referendum.

When given multiple options, 34% of respondents to a January survey by the Catalan government’s pollster said the region should be an independent state, the lowest since at least 2014. On a binary “yes" or “no" question, 44.5% said they wanted Catalonia to become independent.

Spanish press reports in recent years showed the mistrust between Junqueras’s team and Puigdemont in the weeks before the illegal vote. In a leaked transcript of a phone call, two advisers discuss their alarm at the fact the region was completely unprepared for independence.

Those events remain at the forefront of Junqueras’s mind. In his letter, he recalled the images of police violence that for a few weeks had the eyes of the world on Barcelona.

“It’s difficult to explain the feelings experienced during that period,” he wrote. “We saw the best and the worst of people. Every single one of us will remember those days with a sense of hope and we’ll tell our children about them. I’m convinced that we’ll do it again.”


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The day before he was going to be jailed, Oriol Junqueras said goodbye to his wife and two children at their home in an industrial suburb of Barcelona and climbed into a car.

It was November 2017 and the atmosphere in Spain was febrile. On the six-hour drive to Madrid, his advisers tried to reassure the former vice president of Catalonia that he would be back that night. A stoical Junqueras disagreed.

Junqueras had just watched Catalan President Carles Puigdemont attempt to declare independence from Spain and cap a month of chaos that was still reverberating across Europe. The Spanish government had hit back, ousting the administration in Barcelona and imposing direct rule from Madrid.

“I𠆝 more than come to terms with the personal costs,” Junqueras, 51, said this week in a written response to questions from a prison an hour north of Barcelona. “In my family, the repression has always been there. They persecuted my mother, my grandmother, my great grandmother and two great grandfathers. We accept it with ataraxia.”

The events of more than three years ago still cast a shadow over Spain after the trauma tore into national politics and divided parties and the country over what to do about the would-be breakaway region. With Prime Minister Pedro Sanchez starting to piece together a fragile consensus over the path forward, much now depends on Junqueras.

Catalans head into a regional election on Sunday with polls showingਊ three-way tie between his Esquerra Republicana party, Puigdemont’s more radical group and Sanchez’s Socialists. With two smaller separatist parties in the mix, the most likely outcome is a pro-independence coalition. They have all promised not to form a government with the Socialists.

But tensions between Esquerra and Puigdemont’s Junts Per Catalunya, which have governed Catalonia together for the past five years, have escalated as they try to out-flank each other. And if Esquerra can edge ahead to claim the presidency, Sanchez may have a Catalan government he can do business with as Spain fights the pandemic and its economic fallout.

“Junts’ approach is more aggressive and focused on getting back that great moment of mobilization that happened in 2017,” said Antonio Barroso, a managing director at London research firm Teneo Intelligence. 𠇎squerra is more focused on managing day to day issues and sees the independence as a long-term goal.”

Sanchez came to power in the wake of the Catalan crisis after ousting his People’s Party predecessor with the backing of the separatists. But it took him more than two years𠅊nd two Spanish elections�ore he could even pass a budget.

Socialist candidate Salvador Illa said it’s time to “turn the page” on the events that have kept the region in a political gridlock. It was Esquerra’s support in the Spanish Parliament that helped the government get its budget agreed in November. More recently, though, as the campaign heated up, Esquerra voted against the government’s decree to administer European recovery funds, threatening the approval of the bill.

The election in Catalonia is also being closely watched in  Spain’sꂺsque country where separatist sentimentਊlso runs high. Basque nationalists reached a political settlement with Madrid after decades of tension and violence. 

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Puigdemont and Junqueras embody the two faces of the Catalan separatist movement—the president who ran away and his deputy who stayed to face the courts and ended up in jail. Puigdemont has remained in Brussels since the crisis triggered by their illegal independence referendum.

Junqueras’s party has been fighting for an independent Catalonia for almost a century. Puigdemont’s group emerged in the run up to the illegal referendum. Both push a narrative of Catalan suffering and repression, albeit in one of the country’s richest regions.

“Pro-independence parties are managing the frustration of secessionist voters who𠅏ollowing completely unreal promises—hit a wall of reality,” said Barroso. “They are fighting for about half of the votes, so there’s an incentive to remain in the rhetoric of the events of 2017.”

Junqueras, a former history professor who wrote a thesis on the Medieval Catalan economy, insists that his ultimate goal remains another referendum and he won’t stop “until Catalonia becomes an independent state,” according to his letter.

Serving 13 years for his part in the push to secede from Spain, he remains Esquerra’s president and throughout his time in jail he has maintained frequent video calls with the party leadership and receives occasional visits. The Spanish courts have allowed him out on release and he hasਊttended campaign events, even though he’s barred from public office.

Junqueras, whose academic mentor was assassinated by ETA, shared a platform at one recent event with Arnaldo Otegi, a former member of the Basque terrorist group. Otegi was jailed multiple times, including for his role in the kidnapping of a businessman in the late 1980s.

Yet behind the optics, his focus is on what comes next. Esquerra’s campaign posters feature both Junqueras and Pere Aragones, a protégé who is now the party’s candidate for the Catalan presidency. Their friendship goes back to before Junqueras entered politics in 2011, when the two used to give conferences together on politics and history.

In contrast to Puigdemont, the strategy is to play the long game, said Aragones. 𠇊n Esquerra victory would greatly strengthen our position at a national level,” he said.

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Source: Centre d&aposEstudis d&aposOpinió

The movement faces subsiding supportਏor breaking away from the rest of Spain since the drama of 2017, and even then it never quite reached 50%. Indeed, appetite for independence in the polls is lower than in Scotland, whose leadership is also demanding the right to hold a referendum.

When given multiple options, 34% of respondents to a January survey by the Catalan government’s pollster said the region should be an independent state, the lowest since at least 2014. On a binary “yes" or “no" question, 44.5% said they wanted Catalonia to become independent.

Spanish press reports in recent years showed the mistrust between Junqueras’s team and Puigdemont in the weeks before the illegal vote. In a leaked transcript of a phone call, two advisers discuss their alarm at the fact the region was completely unprepared for independence.

Those events remain at the forefront of Junqueras’s mind. In his letter, he recalled the images of police violence that for a few weeks had the eyes of the world on Barcelona.

“It’s difficult to explain the feelings experienced during that period,” he wrote. “We saw the best and the worst of people. Every single one of us will remember those days with a sense of hope and we’ll tell our children about them. I’m convinced that we’ll do it again.”


New Catalan government's 10 biggest challenges in 10 graphs

Pere Aragonès has been Catalan president for exactly a week and his desk is already full of hot topics and pressing issues.

The new government took office last Wednesday and will convene on Tuesday for the first full cabinet meeting, to begin to face its short- and long-term challenges, some of them new, and others that have been dragging out for decades or even centuries. Check out what to expect of the new term in our recent podcast:

This is the first executive (in office after an election) that is led by the left-wing Esquerra party in the past 80 years &ndash and, together with the other mainstream pro-independence party, Junts per Catalunya, it aims to reconstruct Catalonia after Covid-19. It also aims to find a way out of the political conflict with Spain through Catalonia's self-determination and an amnesty for those involved in judicial cases related to the independence push.

These are two of the hottest topics the new cabinet will face, but there are more, including climate change &ndash a new ministry on climate action has been set up for the first time in history. Check out the Catalan News selection of ten of the challenges ahead, with accompanying graphs and maps:

Beating Covid through vaccines and focusing on mental health

The pandemic is now under control, but authorities are still calling on the public to be cautious in order to avoid new outbreaks &ndash the reopening of social life in Catalonia will be a challenge in itself, and the progress of vaccinations will be key for a gradual return to normality. So far, 36% of Catalans have been given at least one dose &ndash this figure needs to double for the country to attain herd immunity. Yet, society will not just 'go back to normal,' after such unprecedented times and over 22,000 deaths. The public's mental health will be a challenge &ndash Aragonès visited a mental health center on his very first day in office.

Thousands of doctors and nurses needed

Zooming out and looking at health from a more general perspective, the sector is exhausted after their most challenging year ever. Healthcare professionals are demanding more public spending and believe that the pandemic has made it obvious that the cuts to public health in the wake of the 2008 financial crisis made it difficult to cope with the health emergency.

If we compare Catalonia with the 27 EU member states, most of them have a better ratio of primary care doctors, and Catalonia is especially behind when it comes to nurses. The sector believes 1,000 more GPs and 23,000 more nurses are needed.

A third of youth unemployed

Unemployment had been steadily falling ever since the peak of the financial crisis in 2013, but Covid-19 saw Catalonia shrink back to levels from four years ago and now 12.9% of workers are jobless, around half a million. But what is most worrying is the lack of a future for young people, with a third out of work &ndash and thousands already abroad looking for opportunities.

Two different socioeconomic worlds in the same city

The pandemic has only stressed an obvious reality in Catalonia: social inequalities. The Catalan statistics institute (Idescat) has recently divided the country into around 850 areas with similar populations and released an index to see whether they are better off or worse off than the average (at 100 in the index) in a ranking that takes into account work, education, income and migration in each of the areas. With just a quick glance at the map, it becomes obvious that cities are very unbalanced in terms of socioeconomic levels. Barcelona, Badalona and Girona are the municipalities with the biggest contrasts.

Over 50% of pro-independence ballots &ndash any response from authorities?

The independence push hogged almost all of the attention in the Catalan and Spanish political arenas during the 2010s. But, after million-strong demonstrations, a referendum, jailed and exiled leaders and the suspension of self-rule, the issue remains unresolved. In the latest Catalan election, pro-independence parties garnered over 50% of the ballots for the first time. The government wants to deliver an agreed referendum with Spain on the back of this mandate. Will they succeed in persuading Madrid?

Gender gap, just the tip of the iceberg of gender inequalities

For the first time, Catalonia has a Ministry of Feminism. In the past number of years, the need for women's rights to equal that of men has become more urgent as society has become more aware. Gender inequalities could be illustrated in endless graphs, with topics including violence against women, sexism, share of household duties per partner&hellip And we opted to show the gender pay gap, one of the easiest ways to understand this problem. Catalonia is doing slightly better than the EU in this field, but there is still room to improve.

Housing crisis

Humans are known for stumbling twice against the same stone &ndash and the housing crisis is evidence of it. In the 2000s, prices to buy a house skyrocketed due to a bubble, until it burst in 2007 and the worst recession on record began in Catalonia and Spain. Now prices are going up, and especially rental ones. An average rent will cost you &euro734 in Catalonia in 2020 (&euro140 more than four years before), but in Barcelona, it is spiking at almost &euro1,000 a month (&euro801 in 2016), even more than before the bubble burst in the 2000s. The government has set a rent cap, but it has been challenged in court. In the capital, buying a flat (&euro4,170 per m2) costs double than the Catalan average (&euro2,227 per m2).

Depopulation

The current government also wants to tackle depopulation &ndash but this is not something you can revert in a year, because the trend of vacating rural inland areas has been going on for decades, and even centuries. Comparing the evolution of population density in 1920, 1970, 1991 and 2020 gives you an idea on how evenly Catalans were spread out 100 years ago, and how the story has changed over the years.

More money needed for research

The cabinet will also have a new universities and research ministry because authorities want to give an extra boost to this sector. But what researchers want is more funding: Catalonia, like Spain, is below the EU average in public expenditure in this field as a percentage of GDP. And what is more concerning is that the share spent on R&D is lower than in 2008.

2% spending on culture still far

Culture has been one of the sectors worst affected by the pandemic, considering that most events have had to be postponed or canceled for much of the crisis during the past year. The sector is in dire need of help from authorities, and they are making stronger calls for their main demand: to make up at least 2% of the budget. Catalonia is nowhere near this goal, doing worse than most EU countries. President Aragonès has committed to reaching this threshold during this term.


Iberian Union

Flag of the Iberian Federation

The Iberian nations of Spain and Portugal remained neutral during the Second World War, but repeated German aggression after the war (in the form of their seizure of Portuguese Africa and the creation of Atlantropa) quickly antagonized the two nations against Germany. The strongmen rulers of Iberia, Francisco Franco and António de Oliveira Salazar, decided to sign a defensive pact to form the Iberian Union, which quickly evolved and eventually united the two nations into a single one.

Iberia went on to form the Triumvirate with Italy and Turkey, who all saw Germany as a threat. However, with Germany's fall, the German threat was greatly diminished, and the Triumvirate began to divide. Far worse than that, however, Iberia's own divisions began to surface. The union of the twin Caudillos resulted not in unity, but disunity. Ethnic tensions intensified, political divisions worsened, and nearly every aspect of the Union's politics, military, and society became increasingly fractured by the day. It remains to see whether the Union comes out of the crisis united, or divided.

  • Balkanize Me: Iberia can break up in several ways.
    • The simplest is for Spain and Portugal to simply divorce peacefully. However, Iberia can also collapse into civil war, with multiple Spanish and Portuguese states popping up, as well as several minorities breaking free as well. If things get crazy enough, even the splinter states can break up and fight each other! The Iberian Civil War also isn't fought to the death, and can end up with Spain's various autonomous regions becoming independent countries. Oh, and their colonies (Morocco, Guinea-Bissau and São Tomé) all declare independence too.
    • If Iberia gets invaded and conquered by Hermann Göring's Germany, its territory will be divided into six Reichskommissariate: Portugal, Galizien, Baskenland, Kastilien, Andalusien and Katalonien (plus RK Marrakesch in Morocco).
    • If the Government of National Salvation conquers Spain, they will annex Galicia directly into Portugal and chop up the rest of Spain into three military Governorates.
    • Barrier Maiden: As the managers of the Gibraltar Dam after the German withdrawal, Iberia is responsible for the fate of millions of lives across the Mediterranean.
    • Civil War: One can happen to Iberia if the player isn't careful. Depending on how badly the civil war goes, Iberia can break up so catastrophically that even the splinter states collapse into their own civil wars.
    • Do Well, but Not Perfect: On top of trying to balance the desires of various groups, there's also the dynamic between the Caudillos. Whether Franco or Salazar take prominence, letting either get too powerful can have unintended consequences.
    • Earn Your Happy Ending: It's especially challenging to not only keep Iberia together but also ensure through reforms that it stays that way. One failure too many, though, can cause everything to fall apart very quickly.
    • The Federation: With much effort and a bit of luck, the dysfunctional Iberian Union can be reformed into the Iberian Federation, a relatively democratic federation that represents Spain, Portugal and minorities equally.
    • Loads and Loads of Characters: The Iberian Wars have a lote of factions.
      • Iberian breakaway states: Galician Republic, Basque Republic, Republic of Catalonia, and even Asturian Workers' Battalions and Andalucía. Basque can get couped by socialists from ETA, while Catalonia can also have their own civil war with socialists, creating the Catalan Popular Front.
      • (Second) Spanish Civil War: Spanish Authority (or Iberian Federal Government), Spanish Republic (which through coups can become the Kingdom of Spain and the Spanish Provisional Government), Falangist Spain (who can get couped by the Frente Azul), and the National Redemption Front.
      • Portuguese Civil War: Portugal, Government of National Salvation, Portuguese Provisional Republic, and Portuguese People's Front.
      • The Gibraltar Dam becomes the Gibraltar Dam Zone.
      • North African breakaway states: Kingdom of Morocco and the Rif Republic. Trarza will also quickly join the war to liberate Mauritania.


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